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Noticias & Eventos
CARCAJADAS CONTRA EL CÁNCER
02/03/2009

CARCAJADAS CONTRA EL CANCER

Por Eduardo Jáuregui

(Profesor de Psicología Positiva en la Universidad de Saint Louis, Campus de Madrid

y co-fundador de www.humorpositivo.com)

 

Desde hace milenios circula la idea de que “la risa es la mejor medicina”, y en las últimas décadas esta idea la han puesto de moda todo un ejército de risoterapeutas y payasos de hospital, liderados por el célebre Doctor Hunter “Patch” Adams, que afirman que el humor tiene efectos benéficos sobre la salud. Sin embargo, hay que decir que frecuentemente los medios de comunicación tienden a exagerar los supuestos beneficios de la risa. Aparte de casos anecdóticos, no existen aun pruebas de que la risa tenga efectos curativos, ni tampoco de que las personas con un mejor sentido del humor sean más sanas o longevas. Pero esto no significa que la risa no sea sana. Sí sabemos, por ejemplo, que ver un vídeo cómico o participar en un juego divertido tiene la capacidad de reducir el estrés, y que el estrés tiene todo tipo de efectos negativos sobre la salud (influyendo incluso en algunos procesos cancerígenos). Por lo tanto, hay evidencia de al menos una relación indirecta entre humor y salud.

                Pero el verdadero valor terapéutico del humor reside en su capacidad para ayudarnos a vivir mejor la enfermedad, a sufrir menos y disfrutar más en la difícil convivencia con ella. Quien ha padecido un cáncer entiende rápidamente por que se les llama “pacientes” –porque hay que desarrollar una paciencia de santo para aguantar los diversos procedimientos terapéuticos y burocráticos del mundo médico, los dolores, nauseas e incomodidades, los problemas sociales de gestionar la enfermedad, las consecuencias financieras y laborales, y un largo etcétera. Frente a todo esto, el humor es un mecanismo esencial de pura supervivencia psicológica.

                El cómico Dave Barry escribió en su columna del Miami Herald sobre lo que le hicieron a su mujer en el hospital cuando tuvo sufrió un “repentino e inesperado ataque de cuidados médicos modernos”...

 

La teoría es que si los médicos pueden hacerte sentir lo suficientemente mal, comenzarás a ver tu enfermedad original casi con cierto cariño. Te sacan toda tu sangre y te meten en una habitación diminuta, exponiendote repetidamente a los horrores de la programación televisiva, y cada pocas horas entran unos desconocidos para darte un yogur, pincharte con pequeños harpones médicos e insertar tubos aleatoriamente en tu cuerpo. Luego te dicen, “¿Qué? ¿Ya nos sentimos mejor? ¿O quiere que le sometamos a MÁS CUIDADOS MÉDICOS? ¡¡¡¡JA JA JA JA JAAAA!!!!”

 

Estoy seguro que muchas de las personas que lean este artículo se identificarán con las experiencias de Barry y su mujer.

Goethe, el poeta alemán, escribió que “el hombre siempre conserva el suficiente sentido del humor como para reír de los males que no puede evitar.” Ojalá fuera así, aunque el comportamiento de los automovilistas con quienes comparto los atascos de Madrid me hacen dudar de ello. En cualquier caso, no hay duda de que el humor es una de las mejores maneras de encajar las bromas (a veces de mal gusto) que la vida nos va gastando. Según los psicólogos, el humor se considera una estrategia eficaz para afrontar los problemas, un elemento de resiliencia, y una de las fortalezas universales del ser humano. Existe una escala psicológica diseñada para medir precisamente esta habilidad, el Coping Humor Scale (escala del humor de afrontamiento), con el que las personas se auto-evalúan en relación a afirmaciones como ésta: "suelo encontrar motivo para reír o bromear incluso en situaciones difíciles". Las personas que obtienen una puntuación alta en esta escala suelen ser más hábiles a la hora de afrontar situaciones estresantes: interpretan los problemas como desafíos en vez de amenazas, son capaces de distanciarse emocionalmente, aceptan lo que les viene y se enfrentan a ello activamente. Según la mayoría de los estudios, estas personas suelen experimentar menos emociones negativas en situaciones estresantes. Incluso se han realizado estudios en contextos traumáticos --hospitales, zonas catastróficas, o campos de concentración-- que confirman la costumbre y la capacidad del ser humano de "reír para no llorar".

La risa eleva el estado anímico, reduce las emociones negativas, e incluso tiene un efecto analgésico que ha podido comprobarse en el laboratorio. En diversos experimentos, se ha observado que tras visionar un vídeo cómico, las personas aguantan mejor el dolor físico –un efecto a tener en cuenta siempre que tengamos que someternos a alguna de las rutinarias “torturas” del mundo médico. Los payasos de hospital (tanto profesionales como aficionados) no sólo pueden ayudarnos a aguantar el trance a nivel psicológico, sino que incluso pueden llegar a reducir nuestros dolores.

Este año me invitaron a hablar sobre el humor para miembros SOLC. La verdad es que nunca había hablado sobre humor y cáncer, pero al preparar mi discurso, descubrí que existen sitios web que recopilan anécdotas divertidas y chistes relacionados con el cáncer que las mismas víctimas se intercambian –un humor sin duda muy negro, pero que en ciertas circunstancias resulta necesario[1]. Decía Freud que la risa  (y en especial el humor negro) representa un triunfo del ego, que consigue sobreponerse a cualquier adversidad y reducir los mayores monstruos a ridículos fantoches. Los chistes sobre la quimioterapia, las intervenciones quirújicas y la muerte asociada con el cáncer sin duda son ejemplos llamativos de este principio:

 

                ¿Cómo se le llama a una joven que contrae linfoma una y otra vez?

                Una linfómana.

 

También cité las experiencias de Albert Espinosa, guionista de la película Planta Cuarta, que muestra como un grupo de adolescentes se enfrentan al cáncer con todo tipo de bromas, travesuras y salidas “de marcha” por el hospital. Espinosa suele bromear que tiene “un pie en el cementerio” porque realmente enterró su pierna después de que se la amputaron, tras una fiesta en la que invitó a toda la gente que tuvo una relación especial con la pierna –el portero de un equipo de fútbol, una chica con la que hacía “piececillos” bajo la mesa, un compañero de senderismo...

Lo más sorprendente para mí, sin embargo, fue conocer personalmente a los miembros del SOLC, gente normal que se enfrenta a circunstancias terroríficas con una valentía sobrecogedora, y con un gran sentido del humor. No sé si aprendieron más ellos con mi discurso o yo con ellos, porque la actitud de las personas que conocí me pareció un ejemplo viviente del humor más positivo y desafiante ante los problemas. Como muchas personas que sufren discapacidades o enfermedades graves, me comentaban que lo último que quieren es que se les compadezca y se les tenga pena. Lo que buscan en las reuniones del SOLC es precisamente poder bromear y reír, hasta de los temas más terribles, con gente que entiende y comparte su situación. Y tiene toda la lógica del mundo, porque cuando se nos compadece, se nos niega a la vez la posibilidad de reír y divertirnos, un aspecto básico de la vida cotidiana, y que en circunstancias difíciles se vuelve aun más valiosa.

Por este motivo, es a menudo el paciente, irónicamente, quien debe romper el hielo frente a los demás con el humor, para que sepan que la risa está permitida, y qué es posible bromear frente a los absurdos del mundo médico, los dolores, la pérdida de una pierna, o incluso la muerte. En este sentido hay iniciativas sorprendentes, como las camisetas y tazas de café del sitio web Planet Cancer (www.planetcancer.org) con mensajes de tipo “Cáncer: hay formas más fáciles de fortalecer el carácter”,  “Cancer: no es sólo un signo del zodíaco” o “Planeta Cáncer: como el planeta de los simios pero con menos pelo”. Incluso venden braguitas y slips con mensaje picante: “No sólo es la cabeza la que se me ha quedado calva...”

Es evidente que al tratar temas tan delicados con humor, hay que tener un cierto tacto. No todas las personas afectadas por la enfermedad están listas para bromear sobre ella en todos los momentos. En la primera fase, por ejemplo, cuando alguien se entera que tiene cáncer, lo normal es pasar por momentos de rechazo, ira y duelo que impiden verle el lado cómico. También hay que tener cuidado con reírse del personal médico (como hace Dave Barry en la cita anterior) delante de ellos, ya que al fin y al cabo son buena gente y hacen su trabajo con profesionalidad y dedicación (alguno añadirá que lo mismo decían de Torquemada, pero en fin...). Pero sí hay que tener claro que una vez superado el trauma de la primera noticia, tenemos derecho, e incluso la necesidad, de seguir riendo. Decía Chaplin que la vida es una tragedia en el primer plano, pero una comedia en el plano general. Deseo a todos los lectores y lectoras de este artículo el ánimo, el valor y la chispa necesaria para cultivar esa perspectiva.



 

 
 
 
 
 
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